Cuando me imaginaba como sería de mamá, creía que sería una mujer exitosa profesionalmente y una madre perfecta. Tendría todo en orden, mis hijos serían super obedientes, todo estaría siempre bajo control.  Madre perfecta, esposa perfecta y casa perfecta. En mi futuro me veía como una súper mamá. Estaba muy equivocada.

Al embarazarme me empeñe en hacer esto realidad, leyendo lo que no había leído en toda mi vida y tomando todos los cursos que se me pasaban en frente. Comencé a poner expectativas sobre la maternidad. Expectativas muy altas, la mayoría inalcanzables.  Pero eso no lo sabía aún.

Al nacer mi hija sentí una presión impresionante por estar como nueva…, salir de la cama, recuperar mi peso, atender a mi familia, hacer de comer, limpiar la casa y alimentar a mi hija a libre demanda. Todo lo que había leído y cursado había que ponerlo en práctica. Mi bebé cargada la mayor parte del día, lactancia materna exclusiva, respetar y atender sus necesidades de inmediato (incluso antes que las mías).

Me comparaba con otras madres y me preguntaba ¿cómo lo hacen? ¿por qué yo no puedo?  ¿por qué no puedo ser la súper mamá que estaba destinada a ser? Me sentía agotada, triste, enojada, perdida… No fue hasta un año después que me di cuenta había entendido todo mal.  Era imposible ser una súper mamá. La mamá perfecta no existía!!! Sin embargo seguía sintiéndome culpable y frustrada. Ansiosa por no cumplir con mis expectativas y las de mi sociedad. Constantemente me preguntaba ¿qué estoy haciendo mal? La critica era constante y la búsqueda de aceptación era el motivo de muchas de mis acciones.

Con el tiempo comprendí que si no ponía un alto a mis exigencias no podría continuar más. Jamás sería feliz con mi maternidad si no aceptaba mi humanidad. Decidí abrazar mi luz y mi sombra. Aprendí a darle un lugar a mis emociones «buenas o malas» y soltarlas. Todas las emociones sin importar como las etiquetemos son parte de nosotras y están aquí para decirnos algo. Cada uno de nuestros pensamientos vienen para ser vistos y dejarlos ir.

El perfeccionismo es solo miedo a no ser suficiente. El juicio, la crítica y la culpa son los ladrones de nuestro bienestar en la maternidad.

No permitas que te roben tu paz. La madre perfecta no grita, no se enoja, no descansa, no se desespera. no llora, no se enferma … y sobre todo NO EXISTE. Somos seres humanos, imperfectos y estamos aprendiendo a ser padres. Abraza tu proceso, perdona tus errores, se amable contigo y ámate tal como eres.

Te comparto 5 consejos para esos momentos en los que nos sentimos malas madres y cómo transformarlo en una enseñanza de vida.

  1. Se vale sentirse frustrada y molesta. Si nos detenemos un momento e identificamos cuál es la razón de nuestra incomodidad, más allá de la rabieta de nuestros hijos estaremos muy pronto gestionando nuestras rabietas y las de ellos.
  2. Está bien estar triste y llorar. Platicalo con tu bebé, le enseñas que es valido llorar y aprende a compartir sus emociones con las personas que ama.
  3. Si le gritamos a nuestros hijos por que no pudimos contenernos, pídele perdón. Busca la forma de enmendar lo que pasó. El aprenderá que todos nos equivocamos y lo importante que es hacer sentir mejor a esa persona que lastimamos.
  4. En lugar de pensar en lo que no puedes hacer en este momento de tu vida ya sea por ti misma, por tu casa o por tu familia. Haz una lista de todas las cosas que haz hecho por ellos y que sí puedes hacer, creeme te sentiras mucho mejor.
  5. Liberate de la culpa. Observa lo que te hace sentir bien a TI como mamá. Olvídate del qué dirán, escucha a tu corazón y sigue tu instinto. Sí aún así no sabes que hacer para no sentirte culpable, preguntale a tu niño interior que necesita de ti hoy. El te dará la respuesta.

Felicidades por ser la mejor mamá que tu hijo podría tener! Estás haciendo un excelente trabajo!

Gracias por ser y estar.

Con amor,

Alma de Colibrí